Si pensamos en un lugar accesible para personas con discapacidad, probablemente lo primero que se nos venga a la mente son los ingresos con rampas y los baños con puertas anchas e inodoros altos. Sin embargo, la accesibilidad es más amplia: desborda el imaginario colectivo que suele considerar sólo el aspecto de la movilidad reducida, está relacionada a discapacidades diversas y, por ende, a diferentes problemáticas. Los obstáculos varían si se trata de una persona en con discapacidad motriz, sorda, de talla baja, con visión reducida, ciega o con discapacidad intelectual. A las barreras arquitectónicas se suman las comunicacionales y, cada una de ellas, refuerza la discapacidad y genera aislamiento.

 

Por eso la Red por los Derechos de las Personas con Discapacidad (REDI), integrada por un alto porcentaje de mujeres con y sin discapacidad, trabaja cuestiones de género cruzando este tema con la discapacidad. “Integrarse a las luchas para lograr integración”, es uno de los lemas de la organización que durante los últimos años se enfoca en las demandas del colectivo de mujeres. Con una mirada transversal, que incluye una perspectiva de discapacidad, participa de los Encuentros Nacionales de Mujeres, marchas #NiUnaMenos, paro de mujeres y la Campaña por el Acceso al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, entre otras actividades. “Nosotros nos enfocamos en salud sexual y reproductiva porque es fundamental para la vida de las mujeres”, resalta Ana Dones, miembro de la comisión directiva de REDI.

 

En este sentido, Sofía Minieri, integrante de REDI, analizó las políticas, estrategias y acciones implementadas por el Estado en relación al derecho de las personas con discapacidad a la salud sexual y reproductiva, haciendo hincapié en la situación de las mujeres y niñas. En el informe advierte que el Estado no cuenta con información y datos estadísticos sobre esta temática.

 

La información es poder y autonomía

 

Dentro de este contexto, surgió la necesidad de hacer una recopilación de los hospitales y centros de salud que proporcionen asesoramiento y servicios de salud en materia de métodos y prácticas anticonceptivas; atención durante el embarazo, parto y puerperio; interrupción del embarazo; prevención y tratamiento de la infecundidad, y sean accesibles para las mujeres con discapacidad. Para ello, crearon una encuesta digital anónima –que se mantiene online– y sirve tanto para relevar las problemáticas de accesibilidad como también para generar un directorio de recursos que contenga información sobre aquellos lugares que sí son accesibles y esté disponible para todas en internet.

 

La inclusión plantea otros desafíos: por un lado, es fundamental que las mujeres conozcan sus derechos sexuales y reproductivos para poder ejercerlos y, por otro lado, que el soporte desde donde se transmiten contemple la perspectiva de discapacidad.

 

A partir de las respuestas de las encuestadas se desprende que “las mujeres en silla de ruedas no acceden al Papanicolau porque la camilla no baja, para subirlas las tienen que levantar entre cuatro enfermeros –varones que tienen que realizar maniobras incómodas y peligrosas para la paciente y para ellos debido al peso–. Lo mismo sucede con la mamografía: el mamógrafo tiene una altura y no es tan bajo, no llega al metro que puede tener una persona con acondroplasia o alguien que está sentado en una silla. Entonces, ahí empezamos a descubrir, por ejemplo, que de 33 hospitales que tiene la Ciudad de Buenos Aires, uno solo tiene camilla rebatible: el Hospital Fernández. Y estamos hablando de la capital de la República Argentina, no quiero ni pensar lo que te da como resultado en el interior: nada”, describe Dones. Para quienes tienen discapacidad intelectual, la principal problemática es una barrera actitudinal de los profesionales de la salud: “Normalmente, los médicos no le hablan a la paciente, le hablan al acompañante”, expresa.

 

Mientras que los obstáculos que enfrentan las mujeres con discapacidad auditiva están ligados a barreras comunicativas: en contra de la creencia de que “los sordos pueden leer los labios”, no todos están oralizados, por lo tanto su interacción es a través de lengua de señas.

 

Además de crear la guía digital de recursos con los centros de salud y hospitales accesibles, la inclusión plantea otros desafíos: por un lado, es fundamental que las mujeres conozcan sus derechos sexuales y reproductivos para poder ejercerlos y, por otro lado, que el soporte desde donde se transmiten contemple la perspectiva de discapacidad.

 

Web inclusiva y feminista

 

"Sabemos que hay información circulando en las redes sociales e internet, pero la mayoría no es accesible, no tiene el plus de poder llegar a todas”, aclara Johanna Ureña, secretaria de REDI. Aunque en 2010 en Argentina se sancionó la ley de Accesibilidad de la Información en las Páginas Web (Ley 26.653) que obliga a que todas las páginas de Internet del Estado Nacional –y de las empresas y asociaciones relacionadas con él– sean accesibles para personas con discapacidad, en la práctica no sucede. Por este motivo, el equipo de REDI desarrolló la Plataforma de Discapacidad y Derechos Sexuales, una herramienta clave para la autonomía de las mujeres con discapacidad a la hora de ejercer tanto el derecho a la información como los inherentes a su salud.

 

Esta página web lanzada en julio de 2018 es la primera en su tipo en el país porque tanto la información que brinda como su diseño fueron especialmente pensados para que las mujeres con discapacidad se sientan incluidas. La plataforma propone abordar tres desafíos que enfrentan todas las mujeres al momento de ejercer los derechos sexuales y reproductivos: conocer esos derechos, saber a qué lugares se pueden dirigir en materia de servicios de salud y tener un espacio virtual seguro de consulta e intercambio de experiencias en torno al ejercicio de esos derechos.

 

La plataforma propone abordar tres desafíos que enfrentan todas las mujeres al momento de ejercer los derechos sexuales y reproductivos: conocer esos derechos, saber a qué lugares se pueden dirigir y tener un espacio virtual seguro de consulta

 

Cada uno de estos ejes tiene dedicada una sección:

 

Derechos sexuales y reproductivos. Esta sección explica con lenguaje sencillo qué son estos derechos. “Acceder a la información es algo muy importante en estas temáticas porque tenemos derecho a decidir a quién le queremos consultar sobre nuestra sexualidad. Si no queremos consultarle a un apoyo, a una persona de nuestro entorno, esta página da la posibilidad de hacerlo de manera autónoma”, subraya Andrea Grassia, miembro de REDI y asesora en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires.

 

El uso de lenguaje simple está presente en toda la plataforma y permite que las personas con discapacidad intelectual, quienes dominan el pensamiento concreto y no abstracto (síndrome de Down, autismo o retraso madurativo), puedan comprender el contenido.

 

Ana Dones plantea que la comunicación en un registro “pseudo académico” resultaría excluyente: “El lenguaje sencillo no sólo les sirve a las personas con discapacidad intelectual sino a las personas que no han tenido acceso a la educación de nivel medio”. Con el mismo objetivo, se recurre a pictogramas (dibujos) que indican a las usuarias para qué sirve la plataforma a través de gráficos. “Estos normalmente son utilizados por las personas con parálisis cerebral que no se pueden comunicar”, apunta Dones.

 

 

Guía de recursos. Es un directorio de los centros de salud y hospitales, públicos y privados, del país que son accesibles para personas con discapacidad. La fuente de esta información son cientos de encuestas que ayudan a encontrar los pocos espacios médicos accesibles. “Hasta ahora más del 90% de las respuestas a la pregunta ‘¿Conoce algún hospital o centro de salud que proporcione asesoramiento y servicios de salud sexual y reproductiva que sea accesible para las personas con discapacidad?’ es ‘No´”, advierte Dones.

 

Por ahora el listado de lugares accesible está conformado por una decena de centros de salud: en cada uno de ellos se especifica en qué ciudad está, si es gratuito y si la accesibilidad es motora, auditiva, intelectual, visual, entre otras. “Se trata de un ‘recursero’ real. Queremos que haya de todo lo que las mujeres necesitan y, en un futuro, cruzo los dedos, que podamos decir ‘el Misoprostol lo puedo ir a buscar en la farmacia tal’, de cualquier parte de la Argentina. Hoy no podemos ponerlo, pero ojalá que podamos en algún momento hacerlo”.

 

La disposición y el diseño del listado tiene en cuenta, al igual que toda la plataforma, la accesibilidad para las personas con baja visión o con discapacidad visual total: “Es fácil ir navegando a través de los recursos (listado) porque con una sola tecla rápida ––que es la tecla para navegar por los encabezados o títulos– se puede ir recorriendo cada uno de los centros de salud y hospitales sin tener que detenernos a leer las características de cada uno”, describe Andrea Grassia.

 

 

Foro. Es un espacio virtual seguro donde las usuarias pueden conectarse entre sí, plantear consultas y debatir sobre diversos temas relacionados a la salud sexual y reproductiva. “Es enriquecedor e importante poder compartir experiencias con otras. Generalmente, los foros son bastante complicados para entrar y tienen muchos requisitos para poder compartir. Después tenés que hacer un seguimiento del intercambio dentro del foro, pero acá está organizado bien en temas, así con el lector (de pantalla) una lo puede recorrer sin ningún problema”, plantea Johanna Ureña, quien por su discapacidad visual es usuaria de lectores de pantalla. Estos son softwares que leen con una voz sintetizada todo lo que se ve en la pantalla, reproducen en audio lo que está escrito (textos, no imágenes).

 

Existen lectores de pantalla para computadoras –NVDA (NonVisual Desktop Access), gratuito y de código abierto, y JAWS (Job Access With Speech) que es pago– y otros para dispositivos móviles como los smarthphones: el sistema operativo Android, a partir de la versión 4.4, tiene Talkback e iOS viene con VoiceOver. Estas herramientas funcionan con los comandos del teclado, ya que el mouse solo puede ser manejado por una persona con visión porque implica la ubicación del cursor en la pantalla.

 

“El foro no tiene los códigos de validación, conocidos como códigos captcha, para indicar que no somos robots, que tanto fastidio nos producen cuando queremos entrar a una página… a veces podemos escucharlos en audio, pero, muchas otras, no existe esa opción. En este caso no hay ningún tipo de código, ¡podemos entrar sin ningún problema!”, refuerza Grassia.

 

A las secciones descriptas se suman otras cuatro que complementan el contenido e información de la página: “Nosotras”, donde se explica que REDI es una organización política y sus objetivos; “Este sitio”, repasa el contenido de la plataforma y su uso con pictogramas; “Noticias”, con novedades sobre género y discapacidad; y “Links”, un listado de enlaces a otras instituciones.

 

Además de que toda la web fue creada con lenguaje universal y puede ser navegada de manera ágil con los comandos de teclado y decodificada por los lectores de pantalla, también se utilizan macrotipos y colores contrastantes en los menús para que cada uno de los enlaces que llevan a las distintas secciones puedan ser claramente diferenciados por personas con baja visión.

 

Al tener una mirada de la discapacidad desde el lado de la caridad, no se piensa que la mujer con discapacidad tiene deseo, se nos quiere ver como frágiles. Entonces, se la suele ‘resguardar’ de eso o se le da información limitada, en el mejor de los casos.

 

Este sitio web es un ejemplo de cómo el uso de TIC desde una perspectiva de accesibilidad puede estar al servicio de los derechos de las mujeres y, sobre todo, ayudar a desarmar creencias culturales de desigualdad: las mujeres con discapacidad suelen ser vistas como aniñadas o asexuadas, lo que perjudica el acceso a la información sobre su salud sexual.

 

“Al tener una mirada de la discapacidad desde el lado de la caridad, no se piensa que la mujer con discapacidad tiene deseo, se nos quiere ver como frágiles. Entonces, se la suele ‘resguardar’ de eso o se le da información limitada, en el mejor de los casos. En el ámbito familiar, se está más pensando en la rehabilitación, en los estudios y en un montón de cosas médicas. Y en los ámbitos educativos, generalmente no se sabe cómo abordar los distintos temas, por eso la educación sexual es poca o nula”, remarca Ureña recordando la relevancia de poder romper con el tabú limitante que coarta la autonomía y el ejercicio del derecho a la salud sexual y reproductiva de un colectivo que, dentro del feminismo, también busca la visibilidad y equidad.

 

 

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